Con el otoño, llega un fruto que le gusta llamar la atención con su color rojo, estamos hablando del Arbutus unedo o más conocido como el madroño.
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Así son de bonitos los madroños |
Resulta curioso, pero el madroño,
un fruto que crece en abundancia en nuestro territorio, no tiene una presencia relevante
en los mercados. Puede ser que sea porque son muy perecederos y conviene
consumirlos en poco tiempo desde su recolección.
El madroño es un arbusto, de hoja
perenne color verde oscuro, originario de los litorales de la Europa
meridional, que florece durante el otoño y que tarda alrededor de un año en
madurar. Cuando está maduro presenta un color rojo intenso. Su copa ancha y
redondeada, la corteza pardusca, que se desprende en capas, ramas jóvenes
rojizas y hojas duras y lustrosas.
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El madroño y sus flores |
Las flores aparecen en panículas colgantes y tienen forma de pequeñas campanillas o urnas blancas. Florece tras las últimas lluvias de verano o ya en otoño, y el fruto aparece un año después, coincidiendo de nuevo con la nueva floración. Una particularidad de este arbusto, es que a la vez que tiene sus frutos maduros, está en plena floración.
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El madroño y sus flores |
El "Arbutus unedo"
pertenece a la amplia familia de los arándanos, brezos, gayubas y brecinas,
conocidas como "Ericáceas", siendo su representante europeo de más
porte. El madroño forma parte del típico paisaje mediterráneo de matorrales
densos, a veces impenetrables, que cubre buena parte de España. Cuando salimos
al campo a recolectarlos, hay que elegir siempre los frutos con mejor aspecto
visual, sin golpes ni magulladuras, ya que son muy perecederos, por lo que
conviene consumirlos en poco tiempo desde su recolección.
Recientes estudios, apuntan a una
actividad cardioprotectora gracias a su contenido en taninos y flavonoides. Los
componentes principales responsables de su característico sabor, son azúcares
como la fructosa, la glucosa, la sacarosa y la maltosa, junto a la inclusión de
ácidos no volátiles, como el ácido málico, el fumárico y su contenido en ácido
gálico, son las sustancias que hacen del madroño un fruto tan especial en lo
referente tanto al gusto, como a sus propiedades para lograr una buena salud.
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Cosecha de madroños |
Como la mayoría de las frutas que lucen atractivos colores, el rojo intenso del madroño, uno de los responsables del color del otoño en los bosques, se debe a las antocianinas. Estas sustancias flavonoides son pigmentos con una interesante acción antioxidante.
Aunque en la cocina no es un
ingrediente muy utilizado actualmente, el madroño antiguamente se utilizaba para
elaborar orujos y vinagres. También se suele emplear para hacer gelatinas,
mermeladas y confituras por su contenido en pectina y ácido málico, aunque
también puede consumirse crudo. Una vez cocinado es apropiado para aderezar
carnes, caza y también para acompañar frutas tropicales.
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Recolectando madroños |
Entre octubre y diciembre se da la recolección de esta fruta redonda, de superficie granulosa e interior jugoso y naranja intenso. Aunque su sabor es poco atractivo para tomarla cruda, resulta muy sabrosa cuando se cocina. La salsa de madroños hecha a base de la fruta, cebolla, ajo y vino blanco es un acompañamiento original de carnes asadas.
Aunque en este caso, os traigo una propuesta dulce del recetario de la cocina clásica francesa, los Clafoutis, pero en este caso con madroños. En vez de utilizar un horno eléctrico, utilizaremos un horno Kamado para hornear nuestro dulce. Este sistema de cocción, le aportará un toque de distinción muy singular al trabajar con carbón vegetal, el cual imprimirá en la superficie de este dulce su aroma.
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Los clafoutis recién horneados |
El clafouti es una tarta dulce
cuyo origen data del siglo XIX en la ciudad de Limosín. A grandes rasgos, la
tarta francesa se elabora horneando una mezcla líquida a base de leche, huevos,
harina y azúcar muy similar a la de los crêpes, en la que van sumergidos en
este caso los madroños y que, tras su paso por el horno, cuajará resultando una
tarta de lo más vistosa. En nuestro caso, lo montaremos en moldes individuales
de unos 6 cm de diámetro, aunque se podría hacer en un molde más grande.
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Montaje de los clafoutis |
Ingredientes:
3 Huevos talla L
120 gr de azúcar blanco
45 gr de almendra molida
30 gr de harina de trigo
150 ml de leche entera
200 gr de madroños
1 cp de esencia de vainilla
Elaboración:
Comenzaremos encendiendo nuestro
horno Kamado y lo llevaremos a unos 180°C. Una vez que este estabilizado y la cúpula
allá alcanzado temperatura suficiente, montaremos los deflectores y la piedra
para masas. Por otro lado, empezaremos mezclando los huevos y el azúcar en un
bol, lo mezclaremos todo bien con varillas y seguiremos añadiendo la leche, la
almendra molida y la harina, por último, la esencia de vainilla. Mezclaremos
bien el conjunto y ya lo tendremos listo.
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Los clafoutis antes de hornearlos en el Kamado |
Ahora engrasaremos los moldes con
mantequilla e iremos reservándolos. Una vez todos estén engrasados, añadimos la
mezcla sin llenarlos del todo, ya que tendremos que meter seguidamente los
madroños. Una vez llenos los moldes, colocaremos un par de madroños en cada
uno. Horneamos en nuestro Kamado sobre durante unos 30 minutos o hasta que la
crema haya cuajado, el tiempo dependerá de la temperatura del horno. Sacamos
los moldes del horno, dejamos entibiar y espolvoreamos con azúcar glacé. Ya tendríamos
listos nuestros clafoutis, los cuales los podremos probar tibios o fríos.
Os dejo el vídeo de la receta.
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